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martes, 17 de abril de 2012

El problema es que todo el mundo piensa que se es bueno o malo. En realidad, todos somos malos, retorcidos, malévolos, mentirosos por naturaleza. En mayor o menor medida.

Levantarse de su silla y gritar ‘¡Yo soy buena persona!’ es ser hipócrita. Todos tenemos nuestro lado malo, que cada uno lo reprima de manera distinta es otra historia. Yo solo muevo las piezas a mi favor. Me ha resultado, entonces ¿por qué dejar de hacerlo?

El dolor, el amor, la tristeza y la felicidad, todo, absolutamente todo son efectos producidos por nuestro propio cerebro. Es decir nada existe, a menos que nuestro cerebro lo maquine y somos nosotros los encargados de manejar nuestro cerebro.

¿Somos capaces entonces de mandar sobre la enorme decisión de enamorarse?

Odio cuando alguien dice ‘Yo lo amo, por que es mi padre’ o algo por el estilo. Eso es tan patético, ¿y si no fuera tu padre, lo amarías igual? Amar bajo condición es patético. Por eso no me gusta el amor, crea dependencia, debilidad.